lunes, 30 de marzo de 2009

El tercer tiempo


En los partidos de rugby hay una tradicional costumbre que siempre he admirado y envidiado, el llamado tercer tiempo. Consiste en que al finalizar el partido, ambos equipos, tras darse la mano como caballeros, se van juntos a tomar unas cervezas. Es decir, la batalla queda en el campo, allí quedan vencedores y vencidos, y con un profundo respeto al contrario nos enseñan la diferencia entre rival y enemigo.

Recuerdo un partido en el que dirigía al Real Madrid del magnífico Clifford Luyk, contra el equipo de Varese del legendario Dino Meneghin. Fue un encuentro muy duro, con un enfrentamiento encarnizado entre Dino y Clifford. Cuando sonó el pitido final, ambos jugadores salieron disparados el uno hacia el otro. Yo, temiéndome lo peor, advertí de la situación a mi equipo técnico y salimos todos detrás de Luyk para sujetarle, pero claramente nos llevaba ventaja y no íbamos a llegar antes del encontronazo. Cuál fue nuestra sorpresa, cuando ambos jugadores, al encontrarse frente a frente, en lugar de liarse a guantazos, se fundieron en un efusivo y sincero abrazo lleno de sudor y sangre.

No menos espectaculares eran los enfrentamientos de nuestro llorado Fernando Martín y Audi Norris, donde haciendo caso omiso a la presión de los graderíos siempre terminaban fundiéndose en un abrazo, abrazos, que como en el caso anterior, estaban llenos de sudor y sangre debido al fragor de la batalla. Se me encoge el corazón al recordar a Norris llorando como un niño ante el cuerpo presente de Fernando. Como añoro a estos deportistas.

Esta es la verdadera grandeza del deporte, ser capaz de luchar, con toda la energía, hasta la extenuación, pero una vez finalizada la contienda, reconocer y valorar al rival con honor y deportividad, independientemente de quien haya sido el ganador o el perdedor, ya que como decía el autor de El Principito “es ante un obstáculo digno, donde el hombre se conoce”.

Este es uno de los muchos valores del deporte, parte de la esencia que forja el Deporte con mayúsculas, y el debate que me gustaría plantear hoy es el siguiente: ¿Por qué si el deporte está lleno de valores, sus aficionados, los que lo siguen no siempre los reflejan? ¿Por qué no se respeta y se insulta a los contrarios, como ocurrió en la visita al Bernabéu de nuestro internacional Torres? ¿Por qué el ataque y el odio visceral entre las aficiones como demostraron los Boixos Nois lanzando bengalas a los hinchas del Espanyol?

¿Por qué los valores no generan valores? ¿O es que el deporte, como reflejo de la sociedad que tenemos está perdiendo los valores que le dan sentido?

viernes, 27 de marzo de 2009

El partido mas largo

El lunes pasado el Ricoh Manresa, contra todo pronóstico, venció al poderoso Barça en el que se ha convertido en el partido más largo de la historia de la ACB con una duración de tres horas y seis minutos, tras cuatro prórrogas.


La entrega y la actitud de un equipo pequeño han podido con el poderío de un gran club lleno de talento, provocando la primera derrota del Barça fuera de casa tras cuatro meses. El Barça afronta el partido como un trámite antes del gran enfrentamiento contra el TAU en los playoff de cuartos de la Euroliga. El Manresa en cambio se prepara y se concentra en su partido, pone todas sus energías, todas sus ganas. No da el partido por perdido en ningún momento, lucha, se entrega, incluso superando la lesión al principio de la segunda parte de uno de sus hombres más importantes, Josh Asselin. Y subido a los hombros de su afición es capaz de hacer frente a un equipo muy superior prórroga tras prórroga, y de derrotarlo dejando en la memoria de sus seguidos un recuerdo imposible de borrar.

En la época en la que vivimos las empresas debemos conseguir trasladar a nuestros equipos la mentalidad del Ricoh Manresa, debemos luchar creyendo en nuestras posibilidades, superando el desanimo, funcionando como un equipo. La crisis es un rival poderoso, pero torres más grandes han caído, y podemos derrotarla con entrega y la actitud positiva. Es cierto que nosotros no contamos con una afición que nos lleve en volandas, sino con unos medios de comunicación sensacionalistas que multiplican todo lo malo que ocurre, llenos de iluminados comentaristas agoreros que anuncian nuestro final con su bola de cristal. Por eso también es clave la capacidad de concentración, mirando siempre nuestros objetivos, trabajando duro y olvidando si nuestro rival es mil veces más fuerte que nosotros, porque como dice José Ignacio la clave para triunfar no está en no caer nunca, sino en saber levantarse rápidamente, y desde luego en no dejar de intentarlo por el miedo a caer.

jueves, 19 de marzo de 2009

Nunca caminarás sólo

Hace poco más de una semana pude asistir al partido de Champions League entre el Liverpool y el Real Madrid que se disputó en el estadio de Anfiel Road y que será derribado en no mucho tiempo. A pesar del resultado (4–0 a favor de los reds) el espectáculo fue realmente sorprendente. Además, fue un encuentro histórico porque era la primera vez que el club merengue pisaba el césped del estadio inglés.

En Inglaterra, cuna del fútbol moderno, el balompié también tiene un significado especial. Algunos afirman que para los ingleses “el fútbol es la medida de todas las cosas”. Según un estudio publicado en “The Economist” con el título “Imperial Amnesia” (Amnesia Imperial) para los jóvenes británicos “la razón citada más a menudo para sentirse orgulloso de ser británico era la habilidad nacional para el fútbol y no el recuerdo de un gran imperio u otras razones”.

El fútbol constituye uno de los pilares fundamentales de la cultura británica y sus estadios registran a menudo un lleno casi absoluto. El porcentaje de asistencia a los estadios de la Premier League ronda el 95%, veinte puntos porcentuales por encima de la asistencia a los campos de la Liga española.

Dentro de la hinchada inglesa, la afición del Liverpool es una de las más incondicionales. El vínculo entre el club de fútbol y la ciudad viene de largo. Asentada en el noroeste de Inglaterra, la ciudad de la música y el fútbol fue un gran puerto marítimo durante la expansión comercial del Imperio Británico en los siglos XVIIII y XIX. Ya en el siglo XX, continuó siendo una ciudad obrera dependiente económicamente de su actividad portuaria que debido a la ralentización económica supuso la quiebra a muchos astilleros que dejaron en paro a muchas personas.

El fútbol se convirtió entonces en el medio donde encontrar la identidad propia y en el símbolo de una reivindicación permanente: “El fútbol es como una metáfora de lo social y lo político en una ciudad marcada por hitos únicos e improbables”. En aquella época llegó al club una de las figuras legendarias en la historia del equipo, el escocés Bill Shankly, que permaneció en el Livepool desde 1959 a 1974, e inauguró su recital de frases antológicas con ésta: “No es casual que vistamos de rojo”; y una manera de entender el fútbol que definió la filosofía del club: “Jugamos para la gente y para su felicidad”. Jugar en el Liverpool, dicen, “es lo más parecido a jugar por una causa”. Joe Fagan, al frente del equipo entre 1983 y 1985, también es recordado por sus constantes referencias a la afición. Las últimas palabras que Fagan decía a sus jugadores antes de saltar al terreno de juego eran: “Podemos ganar, empatar o perder, pero no olviden nunca a la gente que está ahí fuera y nos debemos a ella”.

Las muestras de lealtad de la afición a su equipo llegaron a un punto en que, como decía Michael Robinson, ex jugador de los reds, “no se sabía muy bien quién era el protagonista, si el público o el equipo en aquella loca armonía”. Robinson decidió ser futbolista con 6 años cuando acudió por primera vez a Anfield a ver un partido y quedó prendado por el espíritu que se respiraba: “¡Ni siquiera habían salido a jugar! Con el ambiente tuve bastante para enamorarme de ese club; pensaba, deben ser dioses los que saldrán”.

Antes de comenzar los partidos, “The Kop", como se conoce al fondo donde están los seguidores de los reds, entonan su himno oficial, el “You´ll never walk alone” (Nunca caminarás sólo). Es impresionante el ruido que son capaces de armar. De hecho, para quien no lo sepa, tienen el recórd Guiness de la afición más ruidosa del mundo, galardón que alcanzó el 26 de febrero de 2005 en la final de la Copa de la Liga inglesa disputada en Cardiff (Gales) contra el Chelsea. El nivel de ruido máximo se alcanzó en el primer minuto de juego del partido cuando el noruego del Liverpool, John Arne Riise, marcó el 1–0. En ese momento, la hinchada roja llegó a gritar con una fuerza de 130.7 decibelios, dos por encima del anterior récord fijado en octubre de 2005 por los aficionados de los Denver Broncos de la NFL de Estados Unidos, quienes ostentaban el galardón desde octubre de 2000.

El “You’ll Never Walk Alone” es una canción compuesta por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II para su musical “Carrusel” de 1945. En el espectáculo original para Broadway fue interpretada por Christine Johnson y también (al final de la trama) por Jan Clayton y un coro. En la película posterior, el tema era interpretado por Claramae Turner (aunque una ahogada por las lágrimas Shirley Jones intenta cantarla primero, pero no puede), y más tarde repetida por la señora Jones y un coro.

En el musical, la canción es interpretada tras la muerte del líder Billy Bigelow, para dar ánimos a Julie Jordan, embarazada y con un niño en ese momento, y repetida en la escena final para animar la ceremonia de graduación en la que Louise (hija de ambos) es partícipe. Como resultado, a día de hoy es muy común que este tema se interprete en esta clase de ceremonias en los Estados Unidos.

La popularidad de esta canción, comenzó ya durante la temporada inicial de esta producción en Broadway que coincidía con la II Guerra Mundial, ya que muchos de los asistentes a la representación tenían maridos, hermanos, novios o prometidos sirviendo en el ejército. El público encontraba consuelo en el mensaje de la canción que transmite un mensaje de esperanza indicando que siempre existe un guía y un amigo con el que podremos contar.

La canción fue interpretada posteriormente por muchos artistas: Frank Sinatra (en 1945), Patti LaBelle and the BlueBelles (1964), Elvis Presley (1968) o Lee Towers (1976). En Inglaterra, la versión más famosa la realizó en 1960 un grupo del barrio de Merseybeat (Liverpool) llamado Gerry & the Pacemakers, quienes alcanzaron con ella el nº1 en las listas británicas y que pasó a convertirse en el himno del club inglés.

Pero, ¿cuál fue la causa real que motivo la decisión de los hinchas de incorporar un día la canción?

Parece ser que durante varios partidos seguidos por la megafonía de Anfield Road sonaba esta canción antes de los partidos. Un día, por circunstancias que se desconocen, no sonó el disco, y entonces “The Kop” comenzó a cantarla incluyéndola rápidamente en su repertorio.

Dejo la letra y también la música. Sin dudas, impresiona, tanto la melodía como el contenido:

When you walk through a storm / Cuando camines atravesando una tormenta
Hold your head up high / Mantén bien alta la cabeza
And don’t be afraid of the dark / Y no te preocupes por la oscuridad
At the end of a storm / Al final de la tormenta
There’s a golden sky / Hay un cielo dorado
And the sweet silver song of a lark / Y el dulce y argentino canto de una alondra

Walk on through the wind, Walk on through the rain / Camina a través del viento, camina a través de la lluvia
Though your dreams be tossed and blown / Aunque tus sueños se vean sacudidos y golpeados
Walk on, walk on, with hope in your heart / Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazónAnd you’ll never walk alone... / Y jamás caminarás solo...You’ll never walk alone / Nunca caminarás solo.
Walk on, walk on, with hope in your heart / Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazónAnd you’ll never walk alone... / Y jamás caminarás solo….You’ll never walk alone / Nunca caminarás solo.

domingo, 15 de marzo de 2009

El tuerto fue el rey


Odiar el fútbol de EEUU representa una obligación para muchos aficionados al deporte rey. El caso es que, pese al poco respeto que infunde en Europa, los esfuerzos para atraer las figuras a la NASL han sido muy significativos. No hace mucho tiempo, nos ha sido imposible desoír la pomposa contratación de Beckham por los Galaxy. Ni tampoco su aventura milanesa. Sin embargo, volviendo a los Estados Unidos, la apuesta por las estrellas no es nueva. Ha sido una tónica de los equipos americanos en los últimos treinta años.
Sin duda alguna, el Cosmos de Nueva York fue el gran club de los setenta y ochenta en la NASL. Allí, de la mano de jugadores de la talla de Pelé, Nesskens, Beckembauer o Chinaglia, el club conquistó diversos títulos de liga hasta su desaparición en 1985, pero, sobre todo, fue el primer club estadounidense conocido a nivel mundial.
Sin embargo, como ocurre en muchos otros aspectos, no todo EE.UU. es Nueva York. Fuera de la gran manzana han actuado jugadores de talla indiscutible, y no siempre en el ocaso de su carrera. Así nos encontramos a Cruyff, Eusebio, George Best, Gerd Müller, Roberto Bettega, Teófilo Cubillas, Geoff Hurst, Trevor Francis, Bruce Grobbelaar, Bobby Moore, Graeme Souness, Hugo Sánchez, Van Der Elst, y hasta a Carmelo Cedrún. Pero de todas las historias, sin duda, la más interesante es la de Gordon Banks.
Banks formó parte del equipo inglés que ganó su Mundial de 1966. Cuatro años después, durante el Mundial de 1970, Banks realizó la mejor parada de la historia. Pelé remata de cabeza, abajo y a la izquierda a centro de Jair desde la derecha. Banks se estira viniendo desde su izquierda y en un movimiento imposible, salva el balón interceptándolo casi dentro de la portería con la manopla derecha. Banks siguió jugando con Inglaterra hasta 1972. Un día de Octubre, de vuelta de una sesión con el fisioterapeuta del Stoke City, Banks sufrió un accidente de automóvil y como resultado del suceso, perdió la visión de su ojo derecho. No volvió a actuar con Inglaterra. Shilton, que le había desplazado ya en Leicester, y comenzaba a amenazar su supremacía en la selección, no tardó en fichar por el Stoke City. Y así pudo acabar la carrera de Banks. Sin embargo, tras un paso fugaz por la liga irlandesa, jugó dos temporadas en los Fort Lauderdale Strikers. Y aquí se produce el hecho significativo. En 1977, su primera temporada, fue elegido como el mejor guardameta de la liga. No se había recuperado de su dolencia ocular.
Es posible que Banks haya sido el mejor guardameta de la historia. Es seguro que, aún disminuido, fue mejor en EE.UU. que muchos. Tal vez la alegoría de Banks sirva para ilustrar el fútbol en EE.UU. del final del siglo pasado, pero, ¿será aplicable también en el siglo XXI?, y desde un prisma netamente empresarial, ¿qué podemos esperar de los outsiders?, ¿es posible el reposicionamiento personal?, y aún más en profundidad, ¿existe espacio para la mejora entre los mejores?.

jueves, 12 de marzo de 2009

Jose Manuel Calderón, un ejemplo para todo


Lo pasó mal al llegar a la NBA. El idioma, un técnico tosco que no confiaba en él ni le transmitía confianza y para colmo, un fuerte dolor en el tobillo malo en su primer entrenamiento en Saint Catharines, a escasos kilómetros de Niagara en su primera pretemporada con los Raptors. "No me voy a quejar, me tengo que ganar un hueco en el equipo", me dijo durante la cena con un costillar de por medio. No se me olvida. Tampoco lo que me contó durante la conquista del Mundial de Japón en 2006 y que me recordó cuando escribimos el libro 'Basuketoboru'. "Un día escuché el rumor que se empezaba a extender por la NBA de que no era un buen tirador y decidí ponerle remedio". Los rivales le flotaban cerrándose más sobre sus compañeros entorpeciendo la fluidez del ataque Raptor. Calderón se puso en manos de los mejores especialistas de tiro. Corrigió su mecánica a base de incontables horas de incansable trabajo que empezaron a dar sus frutos: se hizo con la titularidad de los Raptors y rozó el All Star. Este año ha batido el récord histórico de tiros libres consecutivos desde el arranque de una temporada, es el jugador en activo de la NBA con más tiros libres consecutivos y se quedó al borde de igualar el récord histórico de Michael Williams (97 seguidos).

Él no tenía ni idea al principio de su increíble racha hasta que los periodistas le empezaron a bombardear. Él le quitaba hierro: "Lo que yo haga da igual, lo importante es que gane el equipo". Calderón está hecho de otra pasta. Sólo piensa en el equipo. Si fuese más egoísta le iría mejor en una liga tan individualista como esta, pero no va a cambiar. "Soy así, este es mi juego y es el que me ha traído hasta aquí, ¿para qué voy a cambiar?", me dijo hace poco.

Es un jugador en vías de extinción. Y uno que todo equipo querría tener. Es sacrificado, trabajador hasta la saciedad (lo ha demostrado no contentándose con llegar a la NBA sino mejorando su mecánica de tiro y su liderazgo en la cancha), antepone siempre el bien del grupo al personal (ha jugado con importantes lesiones y demostró cediendo la titularidad al egoísta de Ford el año pasado que no piensa en sí mismo), es generoso (siempre busca el 'extra pass' al compañero en mejor posición en lugar de tirar y anotar intentando mejorar su estadística, implicado ("Da igual i anoto 25puntos ó 2 ó si juego 3 minutos o 33, lo importante es que el equipo gane"), un modelo de profesional (cuando acaba la NBA, lejos de relajarse en la playa se dedica a prepararse a conciencia para llegar a tope a la concentración de la selección y no empezar ahí de cero), tiene un gran afán de superación y además una gran persona (de esto doy fe yo y todos los que le conocen).
Lo dicho, pocos jugadores/deportistas/profesionales de cualquier ámbito como él.

martes, 10 de marzo de 2009

La FEB vence al cortoplacismo


Como en las buenas recetas de cocina, campo que también me apasiona y en el cuál hago algún pinito, hay un factor que no se nos debe pasar por alto para conseguir un resultado digno de ser recordado, el tiempo. El fuego lento es fundamental para conseguir un plato exquisito, y de igual forma esta ha sido una de las claves que ha permitido que hoy podamos hablar de una Selección Nacional de Baloncesto de éxito. Este proyecto que hoy ha alcanzado cotas impensables, nació hace diez años con otro grupo de corazones que pusieron la primera piedra de un camino que sigue teniendo un gran futuro.


En la fundación de este proyecto, en que yo tengo el orgullo de haber participado, la Federación Española de Baloncesto con su presidente Pepe Sáez a la cabeza han tenido un papel más que protagonista. Promovieron, apoyaron y, juntos Federación y Equipo Técnico, sentamos las bases de la filosofía del equipo actual, que se ha ido mejorando año a año, grupo a grupo, y transmitiendo de veteranos a novatos, a fuego lento, para convertirse en una de las garantías de éxito del proyecto de la Selección durante muchos años.


No ha sido fácil construir con una visión de largo plazo, aún recuerdo la cara que teníamos Pepe Sáez, y un servidor en la terraza de un bar de Pau (Francia) mientras esperábamos ser eliminados, cuando de pronto la suerte nos sonrío y nos metió en cuartos del Eurobasket de Francia.


Hay que saber tener la paciencia, la visión y la firmeza para enfrentarse al cruel cortoplacismo en el que vivimos hoy en día, para poder conseguir unos resultados extraordinarios. Y gracias a que la FEB ha sabido tenerlo todo ello, nosotros no dejamos de soñar, y tras haber organizado el Eurobasket de Madrid, ahora la Federación se propone el reto, y seguro que lo terminará consiguiendo, de que España organice el mundial de baloncesto de 2014.
¿Cuándo en la historia de un deporte en este país hemos tenido a tantos jugadores en la élite mundial, como ocurre en la actualidad con nuestro baloncesto, a quien la NBA no quita ojo ni un momento? Esto no es casualidad, no es el resultado del capricho azar o de una generación de excelentes jugadores. Esto sólo se consigue pensando a largo plazo, con mucha ilusión y mucho trabajo por parte del increíble equipo de la Federación.


¡Gentes de la FEB, seguid así, no decaigáis ni en ápice en seguir haciendo soñar a todo el baloncesto español!

jueves, 5 de marzo de 2009

Juande y Guardiola, el triunfo del liderazgo inteligente


Cuando el verano pasado Guardiola cogió las riendas de un Barça desorientado, nadie daba un duro por él. “Inexperto”, ”sin carácter”… todo tipo de lindezas se podían leer en la prensa deportiva y en cualquier charla de bar. De igual forma cuando Juande se hizo cargo del Club Blanco, otra tanda de piropos cubrieron las tertulias y las páginas de los periódicos.

Ahora, meses después, con la perspectiva que da el tiempo, uno se da cuenta de que sí hay un estilo de entrenar, de liderar, que da resultados, y que los técnicos de los dos clubs más importantes de España, y de gran parte del mundo, comparten. Los principales rasgos de este liderazgo inteligente son:

- Autoridad: Más allá del cargo que ostentan, del poder que les otorga el club, se han ganado en sus entornos y con la prensa, un merecido respeto. Defienden sus ideas con firmeza pero sin vehemencia, y sin perder nunca las formas. “El líder soy yo” ha dicho esta semana Guardiola, siempre al frente, siempre dando la cara. Así se gana la autoridad de un grupo.
- Exigencia no intransigente: Marcan las pautas, implantan su estilo, pero convenciendo, ganando voluntades, sin doblar el brazo a nadie. Teniendo presente los objetivos y el bien del equipo por encima. El trabajo duro está en su ideario pero ninguno a tratado de convertir su equipo en una galera.
- Dirección Personalizada: Sin ser ninguno de los dos grandes comunicadores, saben cómo llegar a cada una de sus personas. Conseguir convencer a Eto'o o a Xavi, no tiene nada que ver. Las herramientas para motivar a Guti o a Gago distan un mundo entre sí. Tienen flexibilidad y recursos, y saben cómo aplicarlos en cada caso para conseguir los objetivos.
- Visión de Equipo: Ambos saben leer un equipo a la perfección, tienen claro que el bien común debe prevalecer, que el escudo del pecho es más importante que los nombres de la espalda. Conocen y fomentan el código de su equipo, los respetan y nunca los traicionan.

Este es el perfil del director de personas que se necesita hoy en día en las organizaciones, líderes exigentes pero cercanos y que sepan gestionar personas. ¿Cómo se han formado Juande y Guardiola como líderes? ¿Cómo estamos formando a los líderes de nuestras empresas? ¿Estarán preparados para asumir los retos que tienen que afrontar?
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lunes, 2 de marzo de 2009

Ganar, ¿La única forma de conseguir la felicidad?


En el mundo del fútbol, es fácil encontrar unanimidad en la teoría de que lo importante es ganar, y algunos incluso van más allá y añaden “aunque sea de cualquier forma”.
En el mundo empresarial, ha vencido el criterio de que lo más importante para una empresa son los resultados económicos, y muy especialmente los resultados a corto plazo. Y en el mundo de los individuos es el éxito económico, la meta más ambicionada por una gran mayoría de personas.
Esta similitud entre estos tres mundos, nos debe hacer pensar que hemos creado algo que tiene como principal ídolo, al éxito y que ese éxito, primero puede merecer cualquier tipo de comportamiento, segundo, se tiene que obtener al más corto plazo posible y tercero su manifestación más clara es la económica.


Pues bien, creo firmemente que necesitamos revisar estos conceptos, ya que en ellos probablemente se apoyan la mayoría de las frustraciones que vivimos en la actualidad. Reflexionemos:
- Pocos alcanzan el éxito económico.
- Muchos de los que lo alcanzan no encuentran en él la felicidad.
- El corto plazo no tiene fin, cada vez que se consigue un logro, se está estableciendo otro aún más difícil y después otro y otro…
- El comportamiento desleal, la envidia, la soberbia, la codicia, etc… son antagónicos con la felicidad (no todo vale, no de cualquier forma)

Si nos centramos en el mundo del fútbol como referente en el que se puede visionar con facilidad comportamientos y sacar conclusiones de ello, para aplicarlos en otras actividades, podemos analizar con claridad lo anteriormente mencionado.

En primer lugar, en la mayoría de los casos, el éxito, ganar un partido, ganar una final, es bastante inconsistente. No siempre gana el mejor o el que más se lo merece y además, todo se puede definir en un “espacio” profundamente estrecho.
En la historia de las finales de la Champions o en las finales de los Campeonatos del Mundo, o en las Euroligas, es mayoría los partidos que se han ganado por la sola diferencia de un gol, por lo tanto en el mundo del fútbol, la diferencia entre éxito y fracaso se mide en segundos y se denomina Gol.
Por otro lado en una competición de cualquier tipo, sólo gana un club o la selección de un país. En el mejor de los casos pasados un cierto tiempo, sólo recordamos al campeón y como mucho al “perdedor de la final” que en términos concretos llaman subcampeón o campeón de los perdedores.
Esto nos podría hacer pensar que lo único válido es ganar, pero no es así, ¿conocen ustedes algún socio de un club o ciudadano de un país que se haya dado de “baja” de su club o de su país por perder una final? Yo no lo conozco.
Todos, cuando jugamos o juega nuestro equipo, no digo una final, que sólo algunos en alguna ocasión llegan a jugarla, sino cualquier partido que se juegue, insisto, todos, queremos ganar, y eso sí es fundamental, salir a ganar y poner en la victoria todo nuestro esfuerzo y todo nuestro talento. Pero con el profundo convencimiento de que un éxito finaliza cuando comienza el siguiente partido o el siguiente campeonato, y con el fracaso (la derrota) sucede lo mismo.
El éxito es efímero, pero la derrota también.

En el mundo del fútbol hay muchos clubs que nunca han jugado una final de la Champions, es más, nunca han jugado la Champions y posiblemente nunca la jugarán y en ellos han jugado cientos de miles de futbolistas y han tenido millones de aficionados que nunca los han abandonado. Luego no es necesario obtener el máximo triunfo para triunfar en la vida del fútbol, ya que el triunfar es disfrutar y ser feliz con él y si además algunos pueden vivir de él jugando o participando en ese maravilloso espectáculo, pues mucho mejor.

Yo sé que muchos no comparten esta idea, pero yo creo que es básica para poder alcanzar la felicidad en esta y cualquier otra actividad.
Siempre hay que tener:
- Espíritu de lucha, de esfuerzo.
- Entrega
- Ambición por ganar
- Humildad ante el resultado
- Autoexigencia
- Generosidad ante el esfuerzo y con los compañeros
- Visión de equipo
- Lealtad a los colores
- Respeto al contrario y a los espectadores


Y con todo ello, intentar disfrutar y ganar. Pero lo que no puede ser es que si no se gana se pierdan las ganas de volver a competir, tantas veces como sea necesario.
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