martes, 30 de marzo de 2010

Misión mundial de fútbol de Sudáfrica 2010: “Sé fiel a ti mismo”


Es sabido que para obtener el máximo rendimiento deportivo, se requiere de un entrenamiento global del jugador. Sin embargo, comparadas con los aspectos físicos, técnicos y tácticos, las variables psicológicas no siempre han recibido la atención requerida. En este sentido, un aspecto que me ha llamado la atención en los últimos años es el “efecto selección”. Hay jugadores que tienen un rendimiento excepcional con su equipo de liga y un rendimiento inferior cuando juegan con su Selección Nacional. El “sentir popular” dice que el jugador no es el mismo, como si se produjera una pérdida de su identidad.
Si miramos el panorama nacional e internacional, probablemente nos venga a la mente varios jugadores que históricamente han vivido o pasan esta situación. Un ejemplo, lo podemos encontrar en el caso del jugador del F.C. Barcelona Lionel Messi, considerado por muchos como uno de los mejores jugadores del mundo. Su nivel superlativo en el Barcelona lo coloca en una posición cargada de responsabilidad en la próxima Copa del Mundo con la camiseta número 10 de la Selección Argentina.
Respecto a este aspecto, recientemente, Messi comentó en Radio Metro de Barcelona (26-03-2010) que ''es totalmente diferente jugar en Barcelona a ir a la Selección. Cambian los compañeros, cambia el sistema… No quiero decir que los compañeros de acá sean mejores. La Selección Argentina tiene los mejores jugadores del mundo, pero tenemos poco tiempo y cambia todo. Cuando estemos todos juntos, cuando se reúna el grupo creo que lo vamos a lograr. Si me toca jugar en el Mundial es una buena oportunidad para demostrar eso. Tener el mismo nivel de Barcelona en la Selección. Yo soy el primero que me critico y más que nadie. Soy el primero en querer cambiar eso y no tengo dudas que lo voy a hacer'', prometió Lionel.
Otro caso de jugador que no jugaba bien con su Selección Nacional ha sido el de Fernando Torres. Fue criticado y cuestionado por su desigual rendimiento entre su equipo y la Selección. No fue hasta la Eurocopa del 2008 cuando se reencontró consigo mismo. La propia competición, su rendimiento y los resultados obtenidos permitieron una conexión de Fernando con sus virtudes y fortalezas, dejando de lado sus tensiones y preocupaciones. “Ser el Fernando de siempre”, esta vez, al servicio de la Selección.
Reflexionando sobre los casos de Messi y Torres: ¿La pérdida de identidad se produce sólo por causas externas?. ¿Podemos esperar a una Eurocopa o Mundial para que se produzca el cambio? (si es que se produce). ¿El jugador puede prepararse previamente a nivel psicológico para llegar en plenitud a la competición?. Una posible intervención a estos problemas podemos encontrarla en la aplicación del coaching de identidad, una técnica psicológica que se describe brevemente a continuación.
Coaching de identidad, un entrenamiento psicológico para el máximo rendimiento
La identidad es la capacidad de un individuo de reconocerse en sus características esenciales y en las modificaciones que experimenta en sí mismo. Gran parte de nuestro “yo” está formado por diferentes personajes, hábitos, creencias y prejuicios que alguna vez fueron útiles ante amenazas reales e imaginarias. Percibimos a través de nuestra propia biología, de las experiencias ya vividas, de la cultura con la que convivimos, de las reglas, valores, creencias con las que convivimos. En este sentido, es necesario revisar estos mensajes o perspectivas que han condicionado nuestro comportamiento, debido a que algunos de ellos potencian nuestras acciones, mientras que otros, hoy no nos definen o limitan nuestro desempeño. En función del tipo de observador que seamos (constituido por potencialidades o limitaciones), interpretaremos que ocurre, y de esa interpretación surgirá la acción.
Esta perspectiva nos ofrece dos caras de una misma moneda (ambas conviven en la persona): “el yo interior” y “el yo saboteador”. La primera, ofrece una base positiva (fortaleza) para alcanzar resultados extraordinarios y conseguir una vida más plena y satisfactoria, mientras que la segunda, boicotea de forma consciente o inconsciente los aspectos anteriormente citados.
En este sentido, si el jugador está habitualmente conectando con su “yo saboteador” (exceso de responsabilidad, miedos…) percibirá como amenazante determinadas situaciones (por ejemplo, jugar con la Selección) y verá deteriorado su rendimiento. Por el contrario, si el jugador conecta con su “yo interior” (valores, creencias…), percibirá la situación como un reto y tendrá una mayor probabilidad de conseguir su máximo rendimiento.
A través del coaching de identidad se puede trabajar estos aspectos. Esta técnica psicológica se centra principalmente en descubrir, desarrollar, conectar y pasar a la acción desde la postura del “yo interior”, y además, descubrir y neutralizar al “yo saboteador”. Se trata de una investigación de un compromiso serio con uno mismo, en el cual no hay que cambiar ni transformar nada, sino que se trata de ACEPTAR, TOMAR CONCIENCIA, APRENDER Y POSICIONARSE con nuestra identidad esencial, y desde ahí, focalizar el pensar, sentir y hacer. Es un trabajo “interior” para proyectarse a la acción (competición).
Por tanto, a través del coaching de identidad el jugador potencia su rendimiento, desarrolla su talento, y en el caso de los más jóvenes, reduce los procesos de maduración psicológica.
Para terminar, aunque comprendo que el entrenador es el máximo responsable y principal gestor a nivel psicológico del jugador y del equipo, la labor del psicólogo del deporte (debidamente acreditado, ver: http://www.cop.es/perfiles/contenido/deporte.htm), entendido como un técnico deportivo experto en Psicología al servicio de las necesidades y demandas del entrenador, deportista y del equipo, puede complementar y mejorar el desempeño profesional de los mismos.

Dr. Alejo García-Naveira
Psicólogo, formador, coach e investigador

jueves, 25 de marzo de 2010

La lealtad como forma de vida

Hace no mucho charlaba con nuestro compañero Lolo Sáinz sobre las lecciones del deporte y su aplicación al mundo de la gestión y la empresa. Muchas e interesantes son las enseñanzas que se pueden extraer. Dejo algunas de las cuestiones tratadas con Lolo y sus respuestas:

FRANCISCO ALCAIDE: Para empezar Lolo, ¿cuáles son las tres principales lecciones que te ha enseñado el baloncesto y que aplicas hoy día a tu vida?
LOLO SAINZ: La primera lección que me enseñó el baloncesto y que sigo ejerciendo hoy día incluso en mi casa es el intentar “ser siempre un equipo”. En mi casa no somos mi mujer, mis hijos y yo. Somos todos juntos un equipo que participamos conjuntamente dando nuestra opinión, viendo cómo se pueden solucionar ciertos asuntos, hablando sobre la forma de desarrollar nuevos proyectos, etc. En el baloncesto todo se basa en el trabajo en equipo.

La segunda lección que intento poner en práctica son los valores que emanan del basket. Hay muchos que son importantes –concentración, motivación, comunicación, humildad, confianza, etc.– pero desde mi punto de vista hay uno que es el más determinante: la lealtad. Siempre he intentado ser una persona muy leal, tanto en todos los equipos en los que he estado, como con mi familia y con el resto de la gente. La lealtad es el camino que conduce al bienestar.

La tercera lección que destacaría es el agradecimiento que tengo a las personas que han estado muchos años a mi lado, especialmente mi familia, porque han sabido sacrificarse para que yo hiciese una carrera deportiva. La vida de un entrenador en un equipo deportivo es de un enorme sacrificio y de una gran soledad, y si no estás acompañado del apoyo de los tuyos es imposible salir adelante. Diría que ellos se han sacrificado incluso más que yo.

F. A.: Has destacado lo importante que es “ser un equipo”. Nuestra experiencia nos dice que en las organizaciones existen muchos egos, que son uno de los grandes enemigos del trabajo en equipo. ¿Cómo se gestionan los egos para que la estabilidad no se tambalee y la situación se vaya de las manos?

L. S.: A lo largo de mi carrera deportiva me he encontrado con muchos grandes egos, como por ejemplo, Drazen Petrovic. Nunca he presumido de ser un gran experto tácticamente, mi mayor mérito ha sido la dirección de personas como un equipo. Siempre he intentado reconducir esos egos al redil de lo que es un equipo. No obstante, un entrenador no lo puede hacer sólo y tiene que contar con la colaboración del resto de la gente, que gracias a su generosidad, contribuya a la adaptación de los jugadores con mayor ego para que se involucren y participen del objetivo común del equipo. Esto no resulta fácil porque todo el mundo el mundo tiene su orgullo. Para conseguirlo, siempre he intentado buscar en mis equipos lo que llamo “el otro líder”, un jugador que es el que va ayudar intensamente a combatir estas cuestiones. La figura de este “otro líder” es esencial. Juan Antonio Corbalán o Clifford Luyk han sido dos de mis “otros líderes”. Gente siempre dispuesta a colaborar en pro de un objetivo común.

F. A.: Algo parecido nos contaba Jorge Valdano respecto al Mundial de México 86. En aquella selección se hizo un pacto en el vestuario para estar al servicio de “El Pelusa” y conseguir su integración con normalidad, ya que tener ese “genio”, a pesar de sus caprichos, excentricidades y de las dificultades de convivencia que originan, les iba a hacer ser campeones del mundo.

L. S.: Así es, y creo que hay otro aspecto muy importante a tener en cuenta por las personas responsables de liderar un equipo. Quienes estén en puestos de dirección deben ser grandes negociadores. Tienen que negociar con el individuo su incorporación al equipo, y con el equipo la aceptación de ese individuo para el equipo.

F. A.: Prácticamente toda la actividad directiva se acaba reconduciendo a negociaciones formales o informales con clientes, empleados, proveedores, administraciones... ¿Cuáles son los principales aspectos a tener en cuenta para abordar una negociación con éxito?

L. S.: En primer lugar, convencer a la persona con la que estás negociando, que lo que propones es por el bien del equipo y por el bien suyo, de tal manera que no piense que le estás intentando engañar. Convencerle de que si él equipo triunfa él va a triunfar. La historia está escrita de grandes egos que no se integraron en el equipo, el equipo fracaso y ellos con el equipo. Otro punto importante es negociar con tu gente que esa persona es sumamente necesaria y hay que integrarla para ganar. En el Real Madrid tuvimos un directivo que era un gran negociador: Raimundo Saporta. Él justificaba la inclusión de grandes jugadores porque harían más grande al equipo, pero siempre y cuando el equipo lo aceptara como tal, de tal modo que todos ganaran.

F. A.: En cierta ocasión José Antonio Camacho afirmaba: “Cuando un entrenador entra en un vestuario los jugadores dicen: éste manda o éste no pinta nada”. ¿Cómo se gana uno la autoridad y qué es lo que hace que se pierda?

L. S.: Tengo muy claro cómo se pierde: aplicando la autoridad como un dictador que nada más ve lo suyo y no comprende a la gente que tiene enfrente. Hablando con un antiguo jugador que hoy es entrenador, decía que nota que los entrenadores jóvenes tienen un camino definido por el que seguir y les cuesta mucho apartarse de él cuando es necesario. No cuentan con la flexibilidad oportuna para ver más allá de lo que ellos piensan. Les falta mano izquierda para capear las distintas situaciones que requieren formas de gestionar diferentes. No se puede llegar a un vestuario con el látigo y empezar a sacudir sin escuchar a nadie. Hay que comunicarse con la gente y hacerles comprender cómo es el equipo. Es una forma de ganarte al jugador porque le estás dando protagonismo y le estás inculcando que es parte esencial del equipo. Naturalmente que el líder, entrenador, tiene que tener autoridad para que pueda aplicar disciplina dentro del grupo de trabajo y así poder mantener esos valores que nos va definir como equipo, equipo ganador, ¡claro! Pero esa autoridad no te la regalan, se gana, y hay que ejercerla dentro del más estricto respeto hacia las personas que forman nuestro equipo de trabajo.

F. A.: Epi comentaba: “He estado en equipos que se comunicaban y en otros que no y en mi experiencia los primeros rendían más y que esa comunicación se trasladaba a los tiempos muertos, al vestuario y fuera de la cancha”. ¿Cuál es tu opinión sobre la importancia de la comunicación?

L. S.: La comunicación es clave y sin ella es imposible que exista un equipo. Además, la comunicación es una herramienta clave en la negociación, que como he dicho anteriormente, es esencial para el buen funcionamiento de la organización. Por otro lado, aunque la comunicación es siempre importante todavía lo es aún más en épocas difíciles, donde es fundamental mantener a la gente unido y conseguir que remen en la misma dirección.

F. A.: A lo largo de su carrera profesional dirigiendo equipos, ¿cuál es la situación más delicada que has vivido, cómo la gestionaste y qué lección aprendiste?

L. S.: La situación actual de crisis que vive el país es algo cotidiana en el mundo del deporte en el que las crisis aparecen en muchas ocasiones, sobre todo, en equipos grandes. He tenido bastantes momentos complicados a lo largo de mi carrera, he intentado gestionarlos a través de la innovación, que no es otra cosa que ser capaz de modificar cosas creativamente para conseguir que la motivación no decaiga. Recuerdo un final de Liga en el que durante los play–offs tuvimos un contratiempo grave: se nos lesionó Corbalán, un jugador vital para el equipo que además era el único base con el que contábamos ya que el recambio era un chaval (Carbonell) muy joven. ¿Cómo solucionamos esta situación? Innovando. Decidí jugar con dos “no bases”: Biriukov e Iturriaga, y la cosa funcionó. Por otro lado, diría también que en los momentos delicados es determinante la comunicación y estar unidos todo el equipo.

F. A.: Una vez te escuche decir: “El entrenador tiene que ser líder, organizador, maestro, confidente, amigo. En resumen, conductor de hombres”. ¿Cómo ha aprendió Lolo Sainz a dirigir personas y cuáles son las pautas que recomendaría?

L. S.: La clave para aprender a dirigir personas está en dedicarle tiempo a la gente. Conócela y aprende cómo son. Un buen líder tiene que mostrar un gran interés por las personas con las que trabaja. La gente sufre, padece, llora... como cualquiera de nosotros. Hay que saber muy bien de quien pié cojea cada miembro del equipo, lo que redunda en una mejora de la comunicación. A aprender a dirigir a las personas se empieza sabiendo muy bien cómo son esas personas. Apuntaría también que un buen líder tampoco intenta imponer siempre su propio criterio sistemáticamente sino que sabe escuchar y armonizar puntos de vista diferentes..

miércoles, 24 de marzo de 2010

Tu entrevistas a José Luis Abajo 'Pirri'



José Luis Abajo 'Pirri', medalla nº100 de la historia del deporte español y primer tirador de nuestro país en lograr una medalla olímpica (bronce en Pekín 2008) contestará las preguntas de los lectores del blog Aprendedeldeporte.com.
Realiza tu pregunta ya mismo

Una oportunidad excelente para conocer un poco más de cerca los secretos de la esgrima y cómo aplicar al mundo de la empresa los valores de este magnífico deporte. 'Pirri' es un maestro en ambas materias ya que en plena carrera deportiva plagada de títulos (el último ha sido ganar la Copa del Mundo Grand Prix de Berna) se ha adentrado en el mundo de la empresa y desde su página web oficial ofrece un interesante servicio de coaching y un programa de esgrima para directivos tratando temas tan fundamentales como la capacidad de superación, la presión en el dia a dia, el esfuerzo contínuo y la consecución de resultados.

Esta será la primera entrevista interactiva de Aprendedeldeporte y los lectores podrán realizar sus preguntas directamente en este blog en el apartado de respuestas, via twitter en @aprendeldeporte o por email en aprendedeldeporte@gmail.com
José Luis Abajo comenzó en la esgrima por casualidad a principios de los años 90, y el maestro, al ver que era alto y fuerte, le dio una espada y le puso a entrenar desde el primer momento. Pronto vio que era lo suyo y tuvo claro que el objetivo era participar en unos Juegos Olímpicos y ganar alguna medalla. Esto se produjo el 10 de agosto de 2008 cuando logró el mejor resultado de un tirador español en unos Juegos Olímpicos al conquistar la medalla de bronce en la disciplina de espada tras doblegar al húngaro Gábor Boczkó en el duelo por el tercer y cuarto puesto. En 2009 consiguió la medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Esgrima, corroborando el gran nivel mostrado en Pekín el año anterior.
Anteriormente ha sido campeón de España en todas las categorías: individualy equipos; tiene una experiencia dentro de la Copa del Mundo con másde veinte finales a sus espaldas; plata y bronce en los JuegosMediterráneos de 2001 y 2005, subcampeón de Europa en el año 2000 y subcampeón mundial en 2006.

martes, 23 de marzo de 2010

La visión kleenex de los deportistas


Leo con atención una entrevista a un exjugador de baloncesto profesional, Rafael Vidaurreta, que explica que está apuntado en el paro, y se me pasan por la cabeza muchas cosas.
En primer lugar, quiero aplaudirle públicamente por la valentía con que se muestra. No muchas personas que han vivido en la burbuja del deporte profesional tienen la valentía y arrojo que ha mostrado Rafael en la entrevista.
Sin embargo, su caso es de lo más común en el deporte profesional, ya que como él dice “Los deportistas somos como niños a los que no se dejan madurar”.

Y me pregunto: ¿Qué grado de responsabilidad tenemos los que hemos sido técnicos o los dirigentes? ¿Qué planes de carrera hemos diseñado para ellos cuando dejen la actividad? ¿Qué presión hemos ejercido o qué medios y herramientas hemos puesto a su disposición? ¿O lo único que nos interesa es que meta canastas o goles en cada momento concreto y que no nos venga con monsergas sobre el futuro?

Desde mi punto de vista algo está fallando aquí. Al margen de determinadas iniciativas por parte de alguna Asociación o Entidad (muy pocas por cierto y muchas de ellas de cara a la galería), creo que el verdadero problema viene de la verdadera concienciación por parte de los clubes y responsables técnicos sobre lo que tienen en sus manos.
Todos estamos de acuerdo que el deporte es una escuela de vida, pero no solo como una buena frase o eslogan, sino como filosofía de vida, como auténtico leitmotiv de un club o una asociación deportiva.
Comencemos por el principio. Los clubes, sobre todo en las categorías de formación, deberían ser muchísimo más exigentes con los aspectos académicos, y no hablo de hacer licenciados, sino de inculcar una disciplina y unos hábitos que le puedan valer al jugador para conseguir algo más allá de su rendimiento inmediato en la pista. El club tiene la zanahoria: si no te aplicas en los estudios, no disfrutarás de lo que más te gusta: jugar.
El siguiente eslabón son los técnicos: Cuantos conozco que cuando les hablas de este tema contestan que a ellos lo único que les preocupa es que rindan en el siguiente partido. ¡Qué más da! Carne fresca que se tritura y después vendrá otra que la supla ¿Y nuestra responsabilidad como formadores de personas?

En el siguiente paso está el jugador, posiblemente al que más disculpo. Por su inmadurez y su poca visión de futuro. El obedece las líneas que le marcan.

Por último, nos encontramos con el factor clave, la familia. Aquí es donde reside la verdadera culpa de este desaguisado. Hoy en día los padres persiguen a través de sus hijos restañar una frustración personal (no haber podido ser un “figura”), solucionar su futuro económico o, en el peor de los casos, reflejar una irresponsabilidad absoluta como padres.

En este sentido, recuerdo el lío que montaron a Amorrortu, responsable de la cantera del Atlético de Madrid, cuando decidió que los chicos tenían que llevarse a casa la ropa de entrenamiento para lavarla y volver a llevarla limpia a los entrenamientos. O en mi caso, cuando era Director de la cantera del Real Madrid y expulsé una semana a su casa a un jugador porque había sido irrespetuoso varias veces con su profesor en el colegio que el Real Madrid le pagaba.. Me llamó su padre y me dijo que a él no le importaba, y que no entendía por qué a mi me debía importar. Le contesté que a nosotros sí nos preocupaba la verdadera formación de su hijo.

Si el deporte es una parte importante de la sociedad y si todos estamos de acuerdo de su carácter integrador y vertebrador de la misma, desde ya reclamo una política más coherente con estas soflamas y pensemos que el verdadero éxito de un club o entidad deportiva es cuanto contribuyen a mejorar a los futuros ciudadanos de esta sociedad donde vivimos. Solo desde este prisma tendrá sentido las ayudas públicas al deporte y el carácter público y docente del deporte.

Pero desgraciadamente hoy el objetivo es el rendimiento, y el resto sólo son medios para conseguir el verdadero fin.

jueves, 18 de marzo de 2010

La adaptación de Carlos Moyá


Retirarse no es sencillo. Decir adiós a una carrera profesional supone uno de los pasos que, tarde o temprano, cualquier trabajador debe afrontar. En el mundo del deporte de alta competición, estas retiradas se suelen producir cuando la juventud no ha abandonado aún a los deportistas. Y el caso es que este paso a la reserva, en muchas ocasiones, supone un cambio no siempre fácil de gestionar. El caso de Carlos Moyá me parece aleccionador en este sentido.
Carlos Moyá es un zurdo que juega con la derecha, justo al revés que Nadal. Quizá por esta peculiaridad, su drive ha sido uno de los mejores del circuito durante quince años. Se van ha cumplir tres lustros desde la primera vez que vi jugar a Carlos en el Godó de 1995. Tras un torneo brillante, perdió la final contra Jordi Burillo. Sin embargo, igual que me ocurrió con Alex Corretja algún tiempo antes, pensé que aquel jugador llegaría a ganar Roland Garros. Me equivoqué con el catalán (por poco, la verdad). Con el mallorquín, no.
Quizá Moyá se diera a conocer para el gran público en aquella final de Australia 1997 contra Sampras. O puede que tras ganar su primer Master Series en Montecarlo en 1998 enfrentándose a Pioline. Pero lo que es seguro es que Moyá ya era conocido por todos cuando, precisamente frente a Corretja, levantó la copa de los mosqueteros que yo vaticiné que lograría. Diez meses más tarde, en Marzo de 1999, se convierte en el primer español número uno de la ATP. A finales de aquel año, las lesiones le relegaron al puesto 22. Los años siguientes tampoco fueron buenos. Pero en 2002 comienza su remontada, ganando cuatro títulos. Moyá termina el año quinto del mundo. En 2003 logra tres títulos más y firma una temporada impecable en la Davis, incluyendo la victoria contra Mark Philippoussis en la final, en Australia, en hierba y a cara de perro. Termina ese año el séptimo del mundo. En 2004 alcanza el quinto puesto de la ATP de nuevo y consigue tres títulos más. Y una Davis, claro: La de Sevilla en La Cartuja.
Aquel 2004, en Toronto, Moyá, ofrece una de las anécdotas más humanas del circuito. En un partido contra Kiefer, el alemán solicitó la presencia del médico aprovechando un descanso. El galeno se hizo esperar cerca de 15 minutos. El partido, parado. Y al bueno de Carlos, no se le ocurre otra cosa que preguntarle a un recogepelotas si quiere pegar unas bolas. Y allá que se ponen a jugar, para el deleite de los 2.500 espectadores. El chaval, se defiende, y cuando Kiefer se recupera, el público estalla en una gran ovación. En parte, para el recogepelotas, en otra, para el mallorquín. Moyá pierde, pero qué más da…. Otra muestra de su talla humana la ofrece en 2005 donde, tras ganar en Umag, dona el premio a las víctimas del tsunami… Volvamos al tenis. El año 2005 acaba con Moyá en el puesto 31 y el 2006 en el 43. En 2007 resurge hasta el puesto 15 para terminar el 17. En 2008 termina el 42. A principios de 2009 decide operarse de la cadera y pasar un año en blanco.
Y este año, tenemos a un Moyá “nuevo” en su reaparición. Es muy difícil que vuelva a ganar algún torneo. Ahora se encuentra en el puesto 639 del ranking (8 de Marzo). Juega torneos escogidos. Muchos de ellos con invitación, otros mediante la protección de ranking, derecho que puede utilizar hasta en ocho eventos esta temporada, disfrutando así de un ficticio número 52 del mundo.
El Moyá versión 2010 disfruta de cada partido. Busca las sensaciones agradables pese a sus dolores. Quiere recordar para siempre este 2010. Ha declarado “Es un orgullo que reconozcan la trayectoria de uno porque lo fácil es acordarse cuando estás arriba. Mi idea es disputar todos los torneos que han sido importantes para mí”. Y el caso es que Carlos está poniendo en práctica diversos mecanismos encomiables, inteligentes y adaptativos, pero no por ello habituales entre las personas que afrontan su retiro. En primer lugar, su agradecimiento al reconocimiento recibido. En segundo lugar, la voluntad de buscar la felicidad en los momentos de declive profesional. Y en tercer lugar, la fidelidad a sí mismo y a su trayectoria. Actitudes que me parecen encomiables en una persona y en un profesional. Tomemos nota.

lunes, 15 de marzo de 2010

Real Madrid eliminado de la Champions. ¿Y ahora qué?


El miércoles pasado el Real Madrid se vio apeado de la Champions por un modesto Olympic de Lyon. Un serio varapalo para un equipo que quería aspirar a lo más alto, al menos sobre el papel. La reflexión que quiero compartir con vosotros hoy es cómo afrontar el día siguiente. Cómo levantar a un equipo después de sufrir un golpe, que interpreto que debe haber sido duro, al menos para los buenos profesionales del equipo.

Sin duda es un momento muy delicado y complicado, y para que lo comprendáis un poco mejor os voy a contar una experiencia similar que yo viví cuando entrenaba al Joventut de Badalona.

En mi segunda temporada en el Joventut, tras ganar la liga ACB la temporada anterior, llegamos a la Final Four de Estambul como el mejor equipo europeo del momento tras vencer en el partido de semifinales al Estudiantes. En la gran final nos esperaba el Partizan de Belgrado, dirigido por Zeljko Obradovic y liderado por dos cracks que eran Predrag Danilovic y Aleksandar Djordjevic.
Fue un partido de mucha tensión para todos nosotros, tanta que algunas de nuestras estrellas la acusaron demasiado y no consiguieron brillar a su nivel habitual. Aún así llegamos al final del partido empatados, y a pocos segundos de la conclusión, nuestro base Tomás Jofresa logró una canasta que nos ponía dos puntos arriba. La victoria estaba muy cerca, casi podíamos tocarla, pero de repente apareció Djordjevic. Nunca olvidaré como Sasha cruzó toda la cancha y lanzó, justo delante de mí, un triple imposible, cayéndose, desequilibrado, pero decisivo que entró, acabando con nuestro sueño y dando la victoria al Partizan por un punto en el último segundo de partido.

Aquí podéis ver los últimos minutos de partido para que os pongáis en situación:






La decepción fue inmensa. Éramos mejor equipo, jugamos mermados por la falta de experiencia en estos partidos y aún así íbamos ganando 5 segundos antes del pitido final, pero en un abrir y cerrar de ojos todo por lo que habíamos peleado tanto tiempo se esfumó ante nuestros atónitos ojos.

¿Cómo se levanta esto? ¿Cómo se recompone una ilusión hecha trizas? ¿Cómo se logra que un equipo recupere las fuerzas para seguir peleando el fin de semana siguiente? No sé si hay fórmulas para esto, yo sólo sé que nos fuimos al vestuario y que lloramos, que nos lamentamos una y mil veces de lo cerca que lo habíamos tenido y de la oportunidad que se nos había escapado.

La verdad es que tenía un gran equipo, muy profesional y con un gran espíritu de lucha, pero sin duda habíamos entrado en una gran crisis. En aquel momento pensé que la adversidad que nos embargaba podía ser una gran oportunidad para poder realizar cambios en nuestro trabajo que nos ayudara a combatir la propia crisis, y me recordé a mí mismo que el entrenador debe influir con su actitud, para que los jugadores actúen de forma responsable y conseguir que sean productivos. En ello me apoye, y tras las lágrimas, al día siguiente me puse manos a la obra, intentando trasmitirles un nuevo reto, otro motivo por el que seguir luchando: ganar la Liga. ¿Y cómo lo hice?:
- Siendo objetivo a la hora de identificar los problemas y definir la estrategia.
- Buscando nuevos retos que ayudaran al equipo a recuperar la motivación.
- Consiguiendo la confianza de los jugadores a base de cambios de estrategias. Los entrenamientos son fundamentales.
- Encarando los problemas y conflictos. ¿Será verdad lo de Ronaldo e Higüaín?, pues, a atajar el problema.
- No especulando con lo que ocurría. Di una información trasparente y veraz a los jugadores y a la opinión pública.
- Luchando por mantener los valores, lealtad, integridad, honestidad, esfuerzo, sacrificio, etc.
- Y pidiéndoles, SER UN EQUIPO, no con palabras, sino con hechos. Es la mejor manera de combatir una crisis.
Los profesionales, los equipos, logran su sentido cuando tienen un objetivo, un reto que conquistar, y eso fue lo que les di. Teníamos que resarcirnos y volver a ser campeones de la ACB. Y funcionó, aquel año, tras la decepción de Estambul, llegó la alegría y conseguimos ganar por segunda vez consecutiva la liga.
No sé como lo enfocara Pellegrini (para empezar tendría que cambiar su imagen de derrotado, ya que no debe olvidar que él es la cabeza visible del equipo, el jefe, y por lo tanto la persona en la que se tienen que fijar sus jugadores para salir adelante y con esa tristeza lo único que conseguirá es que el equipo entre en una etapa de profunda melancolía que le hará un daño irreversible. ¡Por favor Sr. Pellegrini, sonría! Y recupere su personalidad de gran entrenador, por Ud. y por el equipo). No sé si la plantilla actual del Real Madrid tiene los pilares que tenía aquel gran equipo de la Penya, pero, si por algo se mide a los campeones es por su capacidad de mantenerse en pie, y por ser capaces de levantarse una vez más que sus rivales.

Lolo Sainz

P.D. No es mi intención criticar al Sr. Pellegrini, al que tengo por un gran profesional y al que debo un gran respeto, y que estoy seguro que llevará al Real Madrid a grandes logros. Simplemente me he limitado a exponer lo que me paso a mí hace muchos años y que considero que hay una gran similitud entre ambas situaciones. Por eso, los dos nos llamamos Manuel.

viernes, 12 de marzo de 2010

Cine y Deporte: Un Domingo Cualquiera

En 1999 Oliver Stone realizó una de sus mejores películas, siempre desde mi punto de vista, mostrando con crudeza y pasión el mundo del deporte profesional en el film "Un Domingo Cualquiera". Con el trasfondo de un equipo profesional de fútbol americano, Stone desgrana poco a poco los grandes enemigos que pervierten los valores del deporte hasta convertirlo en un sucio negocio:


Cameron Díaz interpreta a la joven y ambiciosa propietaria del equipo quien es capaz de tomar cualquier tipo de decisiones para lograr un beneficio económico. Decisiones que van en contra de la afición, tratando de llevarse el equipo a otra ciudad. Decisiones que van en contra de sus propios jugadores manipulando los partes médicos para que jueguen los que le interesan aunque tengan el riesgo de lesionarse de por vida o para que no jueguen los que deben dejar paso a las jóvenes estrellas. Decisiones que van en contra del equipo sustituyendo a un buen entrenador, un clásico que sabe comprender a los jugadores, por uno peor, pero más mediático, más acorde con la imagen que busca para el equipo.

• Un recientemente descubierto Jamie Foxx, que con esta película se abrió las puertas de Hollywood, que se mete en la piel de un joven jugador que tiene su oportunidad y pasa de la noche a la mañana, de ser un don nadie a ser la estrella del equipo. Un ejemplo de cómo el ego puede destrozar un equipo, de cómo las estrellas por muy buenas y mediáticas que sean, cuando sólo piensan en ellos mismos, en sus bonus, en sus patrocinadores, en su imagen, son un lastre carísimo para el grupo.

Dennis Quaid es el veterano quarterback que ve como su carrera deportiva toca a su fin, y aunque él lo acepta con resignación, su entorno le presiona sin escrúpulos para que juegue todo el tiempo posible, ya que por supuesto viven de él, y en el momento que se retire se les acabó la gallina de los huevos de oro.

Al Pacino, el veterano entrenador. Curtido en mil batallas, en mil partidos, probablemente con una imagen no moderna, pero con una gran habilidad para gestionar y motivar a las personas. Un líder con personalidad, que habla con su gente, que se esfuerza y trata de comprender a unas nuevas generaciones que chocan frontalmente con sus principios. Una persona que a pesar confesar haber “cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer”, es capaz de mantener sus valores frente a la presidencia torticera, a los medios manipuladores y a los entornos interesados.

En definitiva, una película muy actual (¿No os suena a situaciones muy recientes de algún gran equipo?), que a los que nos gusta el deporte no enseña lo sucio del deporte profesional y lo maravilloso de la esencia del deporte, del equipo. Si alguno no la habéis visto, os recomiendo que no os la perdáis, sin duda es una de mis favoritas de mi colección de películas de deporte. Para que la recordéis los que sí la habéis visto, os dejo el fragmento de la charla que da Al Pacino a su equipo antes del último partido, que es una reflexión increíble para equipos que tienen problemas: “Ahora o nos curamos como equipo, o moriremos como personas




¡Se me ponen los pelos como escarpias!

martes, 9 de marzo de 2010

Me gusta "La Roja"


Estoy seguro que en estos momentos en nuestro país, es fácil compartir este pensamiento, pero creo que en general también en todo el mundo por todos aquellos que amamos el fútbol.
Una vez más, el miércoles pasado volví a tener esa sensación de “sentirme bien”, viendo jugar al fútbol. Sé que hubo fases en el partido contra Francia en las que pensé que podríamos estar apartándonos de esa forma de hacer fútbol total, a la que nos está acostumbrando nuestra selección. Es muy atractivo verles tocar, pero por momentos se olvidaron que el objetivo del fútbol debe empujar a los jugadores a tirar a puerta y eso parecía relegado en algunos tramos del partido.
Hoy no voy a hablar de ese partido contra Francia, hoy quiero hablar de Vicente del Bosque. Es verdad que la base de este equipo la hizo Luis, entrenador que para mí merece todos los respetos del mundo del fútbol, pero creo que es Vicente del Bosque el que les ha hecho disfrutar de la selección. Pero hay algo, que es aún más importante, y es que desde que Vicente se incorporó como entrenador, en cuanto a resultados, sus cifras son inmejorables, teniendo en cuenta que Luis había dejado el listón muy alto y además la selección es una balsa de paz y armonía, y así lo dicen todos los agentes que la rodean.

Del Bosque es un buen entrenador. Sin duda a los profesionales hay que medirles por resultados y Vicente los tiene, pero pienso que hay que tener en consideración no solamente el resultado, sino también los comportamientos y con Del Bosque ya se sabe que los comportamientos que nos vamos a encontrar, son en todo momento razonables, humanos, desprovistos de tensión, amables, serios, comprometidos, ejemplares, porque la mayoría de las personas que le conocen bien, afirman, que la cualidad más importante suya es que antes que entrenador, es persona, una gran persona.

En el mundo que hemos construido, que importante es encontrarnos con líderes que llevan como bandera su comportamiento humano. Ser persona es sin duda para muchos, el principal valor que debería tener un líder, sería condición necesaria sin lugar a duda. Algunos dirán que para un líder eso no es suficiente, y yo lo comparto, está bien no es suficiente, pero es necesario, ya que con esa base construir otro tipo de competencias, comportamientos, características y habilidades que hagan que el profesional se convierta en el líder al que todos seguiríamos, es mucho más fácil.

Me gusta ver jugar a la Roja de Vicente del Bosque, la Roja en la que juegan muchachos de todas las partes de nuestro país, que tienen una única misión, ganar, jugando bien y por ello haciéndonos felices a los demás. Me gusta verla jugar en armonía, dónde parece que no tienen lugar los egos desmesurados, dónde la alegría domina, dónde se pueden conseguir grandes logros porque se trabaja en equipo, dónde el líder sabe comprender los diferentes momentos, buenos y malos y hacernos entender a todos, repito, a todos, haciéndonos soñar que podemos ser tan buenos y eficientes como los mejores.

Ojalá Vicente que tengas esa suerte, que el mundo del fútbol te la conceda y nos hagas campeones del mundo, pasando a la historia de los grandes entre los grandes, tu modelo es saludable para nuestra sociedad.
Me gusta la roja… y admiro el comportamiento de su líder.

lunes, 1 de marzo de 2010

El novato que planta cara al jefe Michael Jordan

En en el deporte, como en la vida, como en la empresa, vemos constantes ejemplos de jefes que se rodean trabajadores de fácil halago y cuya única misión es asentir al jefe en todo a sabiendas de que está o puede estar equivocado. En el reciente post con la excusa de Invictus lo debatíamos. Siempre he creído que un buen jefe ha de rodearse de gente dispar con espíritu crítico y que busque lo mejor, el bien común y no el suyo propio con una escalada de ascensos fáciles. Hay un tipo de jefes que no quiere gente brillante en su entorno. Así, le resultará más fácil brillar. Otros, los más inteligentes prefieren rodearse de gente crítica, con distintas miras y distintos perfiles. Hay dos caminos: el de regalar los oídos o el del alzar la voz buscando el debate o la reflexión. Seguramente el segundo no te lleve tan alto como el primero, y en numerosas ocasiones te puede ocasionar múltiples problemas, quebraderos de cabeza y la etiqueta de inconformista, rebelde o incómodo. Cada uno es libre de elegir.

Gerald Henderson ha apostado por el segundo. Al base novato de los Charlotte Bobcats poco o nada le ha importado que su jefe sea el mismísimo Michael Jordan. Para estrenar su compra de la totalidad de la franquicia, Jordan fue a ver a sus jugadores al entrenamiento y retó a Gerald Henderson a un concurso de tiro, el clásico 'BURRO' o 'POTRO' que en EE.UU. es el HORSE: haces una jugada o tiro y tu rival ha de igualarlo, de lo contrario va sumando letras y si completa HORSE, pierde.

Henderson le ganó el primer partido (video) a Jordan, que empezó ganando el segundo anotando un tiro libre con los ojos cerrados. Aun con pantalones vaqueros tomó la delantera con un triple y picó al novato: "¿Qué te pensabas, que sólo había machacado en mi carrera?". Henderson, producto universitario de Duke, la archienemiga de de la North Carolina de MJ, no se cortó:"Acabarás fallando en algún momento". Jordan siguió: "Eso pensaban en Cleveland" (en referencia a su tiro en el último seguido para ganar los playoffs de 1989). Pero Air empezó a fallar y Henderson ganó también el segundo. No hubo tercero. "Creo que se iba a jugar al golf ahora, pero es genial tenerle por aquí", comentó Henderson.

La anécdota sirve para iustrar el planteamiento inicial y que tipo de persona prefieres/puedes ser ante tu jefe. A muchos de los jugadores les habría temblado la mano sólo de haber hablado con Jordan (normal, a mí se me cayó la grabadora al suelo al entrevistarle), otros habrían dejado ganar al jefe y otros, como Henderson, habrían intentado ganarle. Seguro que Jordan preferiría algo de competitividad, como así ha sucedido con el novato. Ahora toca debate sobre la actitud del rookie con su jefe: ¿Personalidad, temerario, inconsciente?

Recuerdo que cuando entrevisté con Eugenio a los campeones del mundo y al seleccionador para 'Basuketoboru, la Selección Española de Baloncesto desvela sus claves para triunfar', tocamos el tema de si es bueno rebatir al jefe. Todos los jugadores aseguraron que sí dentro del respeto y la cordialidad. Es bueno el diálogo y la comunicación, e incluso comentaban la anécdota de cómo variaron la táctica en defensa de un partido a petición del grupo. Pepu, entonces seleccionador, también argumentaba que prefería jugadores que se rebelasen en cierto modo y que alzasen la voz.
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