miércoles, 30 de junio de 2010

Menosprecio al capitán


Al de casa, tanto en el deporte como en la empresa, se le tiende a menospreciar o infravalorar a favor del de fuera. En igualdad de ocasiones, al canterazo, al que se ha formado en casa, al que sabe de qué va esto y entiende los valores de un club más allá de lo meramente deportivo, se le suele dar de lado mientras que se valora mucho más el talento ajeno que llega de fuera. Antes de que salte nadie: sí, está el Barça de Guardiola con su Masia y los infinitos canterazos que forman y arman el equipo.

En las últimas semanas se ha rizado el rizo con el menosprecio al capitán con tres casos especialmente duros: Felipe Reyes, Berni Rodríguez y Roger Grimau.

Felipe Reyes. Capitán del Real Madrid y MVP de la ACB en la 2008-09 además de miembro de la generación de los júniors de oro y pieza clave en los éxitos de la selección. Llegó el verano pasado Ettore Messina para armar un nuevo proyecto y fue claro: no me vale ninguno de los que hay salvo Llull, por juventud, y Reyes no tendrá protagonismo conmigo así que si se va o se le vende no me importa.
¿Cómo se puede no querer al MVP de la Liga? Primero, imagino, por desconocimiento absoluto de la competición, del equipo y del jugador. Al final, Reyes acabó siendo el mejor del equipo junto a Llull. Eso sí, reconvirtiendo su juego pasando de ser un bregador en la zona a un jugador abierto capaz de anotar triples. ¿Reconversión o mutación? No, instinto de supervivencia.
Resulta que Reyes acababa contrato esta temporada. El club tenía una opción de prórroga unilateral pero ya le dijo que estaba fuera de mercado y que tendría que ganarse la renovación, a la baja, en los playoffs. De traca. El pívot asume que en estos tiempos su caché puede estar fuera de mercado, pero prioriza seguir en el club pese a no ser del gusto de Messina.
Se acaba ganando la renovación. Con matices. Durante todo el año, el último de contrato no hay contactos para iniciar negociaciones. Se espera a que acabe la Liga y llegan las prisas: 10 días después del último partido expira la cláusula unilateral, o se le renueva a ese precio o queda libre. Al final, in extremis, el último día se le renueva. El club le ofrecía dos años y menos dinero, más de medio millón menos. Él quería tres años.
El coste social y deportivo de no renovarle era elevadísimo y entonces llegó la orden presidencial de su renovación. El jugador la acepta. Otro, habría cogido la puerta.

Berni Rodríguez: Capitán del Unicaja, también miembro de los júniors de oro y campeón del Mundo con España en 2006 y subcampeón de Europa en 2007 y olímpico en 2008. Formado en las categorías inferiores del club, ha vivido los mejores y los peores momentos. Él siempre ha estado ahí. Y como capitán del equipo siendo apenas un imberbe.
Tanto con él como con Cabezas el club ha tenido un trato diferenciador. Discriminatorio. En lo negativo. No se le ha valorado como se debía. Ni en lo deportivo ni en lo económico. Cada vez que ha habido que recortar unos euros en el presupuesto siempre se ha tocado el bolsillo de los mismos para luego malgastar y pagar por encima de mercado a otros de fuera de dudoso talento y sus cuantiosas rescisiones.
El jugador, el capitán, acababa contrato ahora tras una etapa de dos temporadas a las órdenes de Aíto, un técnico dado a llegar a un sitio y cargarse a los ídolos locales y suplirlos con gente de fuera.
El club tenía una cláusula de renovación unilateral. Se le ofrece en una negociación inicial renovar y ampliar en años pero a la baja con un recorte del 30%. Su salario no es para tirar cohetes. El jugador prioriza al club y decide quedarse. Hay cambio de directiva. La nueva, con gente de la casa que le conoce a la perfección, le notifica por carta que el club no ejecuta la cláusula. Berni se queda en paro virtual. Le llaman para negociar: menos años y aun menos dinero. El capitán, con ofertas de fuera, prioriza seguir y acaba firmando 2+1+1.

Roger Grimau. Capitán del Barcelona. Ha sido internacional con la selección y un líder en la sombra en el cuadro azulgrana. Un polivalente jugador instalado en la clase media pero capaz de dar minutos de gran calidad en ataque y en defensa. Un extraño pero eficaz desatascador.
Tras una temporada inolvidable, por la supremacía del Barça ganando la Supercopa, la Copa y la Euroliga, y por perder sorprendentemente la ACB tras arrollar todo el año, la continuidad del capitán está más que en el alero. Tiene todas las papeletas para salir en la reestructuración del Barça.

(Apunte. Fernando San Emeterio. Ni es capitán del Baskonia ni ha estado ahí toda la vida. Apenas un par de temporadas. Intentaron venderle el pasado verano como fuera y hasta tenía equipo, pero la operación no cuajó. Pasó de apestado a ser el mejor del equipo con permiso de Splitter. Y lo mejor: su canasta y tiro libre adicional casi sobre la bocina en la prórroga le dio el título de campeón al Baskonia. A ver si le respetan algo más).
Está claro que ningún jugador o trabajador ha de tener jamás su puesto asegurado, pero la tendencia al menosprecio al de casa es sangrante. Al de casa se le pide, se le demanda, un rendimiento por encima de posibilidades y luego que acepte los recortes.

Lo curioso es que en los tres casos, los tres capitanes son figuras que dan ejemplo dentro y fuera de la cancha con su compromiso, entrega, liderazgo, capacidad de sacrificio y voluntad. Además, tienen años por delante de buen baloncesto. No piden una jubilación anticipada.
A diferencia de otros capitanes y líderes que hacen desplantes públicos a los entrenadores (como Cristiano Ronaldo a Quieroz en el España-Portugal), siempre han mostrado una lealtad increíble. Podían haber rajado y han callado. Han obviado los agravios y los menosprecios.

Jamás entenderé como un club/empresa puede tratar así a los suyos (en la globalidad de la palabra), a los de casa, a los que saben de qué va esto, a los que han mamado los valores de toda la vida, a los que son los primeros en dar ejemplo… Luego, llega el iluminado de turno y piensa que puede armar un equipo campeón con 10 fichajes por temporada llenando la plantilla de mercenarios apátridas que se mueven por dinero. Sí, hay contadas excepciones, pero no es el camino.

sábado, 26 de junio de 2010

La falta de valores mata a un español


Por romper un poco la “futbolitis” que tenemos ahora por el mundial, os traigo una historia que sucedió hace un par de meses, que me llamó la atención cuando la escuché, y que me sobrecogió cuando profundice en ella. El pasado 29 de abril murió descendiendo el Annapurna el montañero español Tolo Calafat. El mallorquín llevaba cuatro “ochomiles” a sus espaldas, tras coronar el Sisha Pangma en septiembre de 2009, cuando recibió una propuesta para subir el mítico pico nepalí, cuyos 8.091m de altura le convierten en la décima cumbre más elevada de la Tierra, pero que es considerada, junto con el K2, una de las más peligrosas. La expedición estaba compuesta por el al vasco Juanito Oiarzabal y al zaragozano Carlos Pauner.
El martes 27 de abril los tres montañeros consiguieron la hazaña de pisar la cima, pero no pudieron disfrutar mucho de su proeza, ya que sin perder un minuto tuvieron que emprender el descenso, para tratar de evitar que les pillara la noche antes de llegar al Campo 4 (situado a 7.100m). Previendo esta situación durante la subida colocaron una cuerda en una de las zonas más complicadas para bajar más rápido, pero cuando llegaron a ese punto surgió el primer problema ¡la cuerda no estaba! Al parecer la expedición de la coreana Miss Oh les había quitado la cuerda. La surcoreana se encontraba en plena carrera con la española Edurne Pasabán por ser la primera mujer en subir los catorce “ochomiles”, reto que logró al coronar el Annapurna aquel día. En palabras de Carlos Pauner “un día de cima, no se quitan cuerdas aunque sean tuyas. Pero quitar una cuerda que han puesto otros antes de que la empleen, no lo había visto nunca”. Por su parte la coreana lo niega, y echa balones fuera diciendo que aquel día, además de ella y los españoles, hubo otras personas que hicieron cumbre y que pudo ser cualquiera de ellas quien quitó la cuerda.

Esto les ralentizó y les hizo pasar serios apuros, destrepando con prisas y como podían Carlos se cayó y casi pierde la vida pero logró salvarse al clavar su piolet, quedando así suspendido en el vacio. Pasaron la zona difícil y llegaron a la ladera donde ya no había pérdida para llegar el Campo 4. En ese tipo de zona el grupo se abre, yendo cada uno a su ritmo pero sin perder el contacto visual. La noche les cayó encima, y el grupo se rompió. Juanito, Carlos y su sherpa Dawa pararon a esperar a Tolo y al sherpa Soman, pero tras dos horas y media, sin poder contactar con ellos por radio, deciden continuar el descenso porque Carlos iba casi ciego al haber perdido sus gafas de ventisca y Juanito empezaba a tener síntomas de congelación en los pies.

Tolo consiguió contactar con el Campo Base, con la doctora María Antonia Nerín, experta en medicina de montaña, y le pide que suban a por él porque es incapaz de dar un paso más (Aquí tenéis una larga entrevista con ella donde cuenta como se vivió desde allí). María Antonia y el resto de su equipo trataron de animarle a que siguiera bajando porque estaba muy arriba, no había nadie que pudiera ayudarle en aquel momento y además el rescate tan arriba es muy difícil. Pero Calafat dice que no se puede poner en pie, que no tiene fuerzas, y manda a su sherpa Soman que baje porque empezaba a estar muy mal también, salvando así su vida.

Cuando Oirazabal y Carlos llegan al Campo 4 y conocer la situación de su compañero, se movilizan para montar una partida que suba a ayudar a Tolo, ya que tan sólo necesitaba para poder sobrevivir que le subieran oxígeno, comida y algo de agua para hidratar. Pero los españoles estaban en una situación muy mala, Juanito medio cojo y Carlos ciego, y le piden ayuda a la expedición coreana.

Miss Oh dice que sus sherpas están muy cansados y que no pueden ayudar a nadie. Entonces Juanito habla con los sherpas de refresco que la coreana tenía en el Campo 3, 600m más abajo, para que suban oxígeno, agua y comida para poder subirle a Tolo. Los coreanos se negaron a ayudarles porque no formaban parte de su grupo. Oiarzabal llegó a ofrecerles 6.000€ a cada uno por subir esos 600m con los víveres, pero la respuesta fue la misma: “Lo siento, no es mi grupo”. El sherpa Dawa al ver la situación, siendo el único que podía escalar, a pesar de llevar más de 20 horas haciéndolo, se embarca en un ascenso suicida para tratar de subir a Tolo el poco agua que quedaba, pero desgraciadamente no logró encontrarle.

Oiarzarbal decía en tras el desgraciado incidente “Se ha perdido la solidaridad en la montaña”. Y yo me pregunto ¿También en el deporte? No sé quizás ha sido por mi experiencia o por mi entorno, pero para mí los valores son algo fundamental. Son el motor de un equipo, de una organización. Los valores, o en su defecto la ausencia de ellos, conformar el adn de cada persona, porque son la razón última de nuestros comportamientos. Para mí hay algunos que son irrenunciables como la lealtad o el compromiso, que dan sentido a todo lo que conozco, profesional o personal. En cambio en nuestra sociedad, en algún momento decidimos que los valores no servían, que no nos aportaban. En algún momento el egoísmo y el consumismo se apoderaron del foco relegando todo lo demás. Probablemente esta crisis tenga mucho más que ver con esto que con temas meramente financieros.

Me asusta cuando se producen casos como el de Tolo, porque veo que esta terrible enfermedad empieza a afectar también al mundo del deporte. Espero que en algún momento nos demos cuenta de la necesidad de volver a los valores, de recuperar su esencia, para poder lograr entre todos reencontrar el camino.

lunes, 21 de junio de 2010

El balón tiene razones que la razón no entiende

Uno de los motivos por los que el fútbol desata tanta pasión se debe a la imprevisibilidad del desenlace. El misterio del resultado, corto casi siempre, incrementa la incertidumbre que, según algunos estudios empíricos, es la variable más determinante para acudir al estadio o seguir un partido de fútbol.

Este carácter imprevisible del resultado hace que el deporte rey sea capaz de desafiar el status quo del poder. No respeta las jerarquías tradicionales y pasa por alto cualquier consideración política o económica. Minúsculos países que apenas cuentan en las escena internacional son capaces de plantarle cara a las grandes potencias mundiales sin ningún tipo de timidez. Lo dijo en una ocasión el camerunés Roger Milla: «Gracias al fútbol un país pequeño puede ser grande».

En lo que llevamos de Mundial hemos visto cómo Inglaterra, la madre del fútbol, fue incapaz de ganar a Argelia y a Estados Unidos; Italia sufrió contra Paraguay y Nueva Zelanda, y en ambos casos no fue capaz de pasar de un empate; Serbia le sacó los colores a Alemania después de ganar por un gol a cero; a Francia, campeona del mundo en 1998, la dejó en evidencia México; igual que Corea del Sur con Grecia, triunfadora de la Eurocopa 2004; y lo más llamativo, Suiza calmó a la marea roja tras imponerse por la victoria mínima.

Y es que el fútbol, a pesar de ser un mundo dominado por la oferta y la demanda del dinero, sigue siendo tan primitivo como siempre: once jugadores contra once intentando meter el balón en la portería contraria. El sociólogo brasileño Roberto Matta, escribía: «La inmensa popularidad del fútbol es porque en la cancha se vive algo así como la sociedad perfecta: absoluta igualdad, equidad, libertad dentro de ciertas reglas, no hay favoritismos, cada cual vale por su talento, méritos, y eso da una idea de una sociedad perfectamente organizada». Planteamiento en el que coincidía Roy Atkinson quien antes de un encuentro afirmaba: «Voy a dar un pronóstico: puede pasar cualquier cosa»; igual que Vujadin Boskov: «El fútbol es imprevisible porque todos los partidos empiezan con cero a cero».

En el fútbol no todo es controlable, lo que deja margen suficiente para que el azar cobre protagonismo de diferentes maneras. Por ejemplo, a través los errores arbitrales. En este deporte, caracterizado por marcadores ajustados, los equivocaciones del señor colegiado son casi siempre determinantes en del resultado final del partido. Por eso, en alguna ocasión se ha dicho que «hablar de fútbol y no hablar del árbitro es tan difícil como contar el cuento de caperucita roja y no hacer alusión al lobo feroz». Durante el presente Mundial ya hemos visto algunas decisiones comprometidas, entre ellas, la del español Undiano Mallenco en el Alemania-Serbia que expulsó a Klose en el minuto 36 cuando todavía quedaba una hora de partido. La decisión del árbitro navarro ha dado lugar en el país germano a la creación un grupo en Facebook con el título: «Cómprate unas gafas, a lo mejor así ves lo que es una falta».

Tampoco es fácil de prever los errores humanos que pueden dejar fuera de la competición a cualquier selección. Le ocurrió a Robert Green con Inglaterra; su desafortunada actuación le valió el puesto al siguiente partido y una lluvia de críticas en su país; le pasó a Casillas que tampoco estuvo muy fino en el gol del suizo Fernandes; o al guardameta japonés Kawashima cuyo despiste en el encuentro contra Holanda dio la victoria a la selección de los tulipanes por la mínima.

Igualmente podríamos hablar de eso que algunos han denominado la «lotería» de los penalties. Muchas veces esa «suerte» (buena o mala, según se mire) ha dejado en el camino a selecciones con pedigrí en el panorama futbolístico. El pasado viernes, el teutón Podolski falló una pena máxima contra la selección de Antic, gracias a lo cual los yugoslavos se llevaron los tres puntos.

En definitiva, el fútbol, con su magia y capacidad de sorpresa, sigue siendo el terreno perfecto para aquellas naciones que quieren hacer historia con los goles. El diario Wal Fadjri de Dakar, tras la victoria de Senegal a Francia en el Mundial de 2002, recogía en sus páginas: «El fútbol, patria de todos los desheredados del planeta, continua siendo una vitrina esencial para aquellos que no quieren morir en la insignificancia»..

jueves, 17 de junio de 2010

Toca aprender de la selección de baloncesto


La inesperada derrota de España en el Mundial de Sudáfrica ante Suiza ha provocado un bajonazo en la euforía colectiva. Se ha pasado de ser la grandísima favorita que iba a salvar con su 'jogo bonito' el catastrófico inicio del Mundial, a ser todo un mar de dudas y a reabrir debates: el de la portería con Casillas, si hay que jugar más por las bandas con Navas, si ha de entrar Cesc por Busquets y retrasar a Xabi Alonso, si tenía que jugar Iniesta, el estado de Torres...

Lo que antes eran loas y alabanzas ahora son críticas. Nada nuevo bajo el sol. Es el deporte nacional.

Me recuerda a lo sucedido con la selección de baloncesto en el pasado Europeo de Polonia. La ÑBA perdió en el choque inaugural con Serbia y se abrió la veda de las cuchilladas y las críticas. Ya entonces escribí que era algo totalmente injusto y que los agoreros, que unos días antes veían todo perfecto, se acabarían subiendo al carro. Así sucedió.

Tras aquella derrota ante Serbia, y el triunfo con apuros ante Gran Bretaña, el grupo se hizo fuerte, se unió aun más ante la adversidad y salió fortalecido. Así, hasta acabar arrollando hasta el oro. Hace tiempo escribí sobre la basketbolización del fútbol y cómo ésta selección aprendió de la baloncesto a la hora de formar un grupo humano. Ahí, fuera de la cancha es donde los intangibles son fundamentales aunque la mayoría de los aficionados no saben valorar esto. Sólo se fijan en las estadísticas. Tremendo error. Como dijo Boza Maljkovic: "Las estadísticas son como el bikini. te dejan ver, pero no lo más importante".

Ahora, la selección de fútbol puede seguir inspirándose en la de baloncesto. Eso sí, me hace gracia que con la de baloncesto se afilara el cuchillo a la primera y con la de fútbol se pida paciencia y que esto es un traspiés. Serbia, a la postre fue subcampeona del mundo. Suiza, pese a ser un país encantador donde tengo familia, no creo que llegue a tanto.

Lo dicho, toca aprender una vez más de la selección de baloncesto y los valores que tiene y que están expuestos en el libro Basuketoboru, la selección española de baloncesto desvela sus secretos para triunfar.

martes, 15 de junio de 2010

¡Por fin está aquí el mundial!


Si dijera que sin lugar a dudas estamos viviendo uno de los momentos más complicados que ha vivido la humanidad, desde el punto de vista económico, de su historia, creo que nadie pensaría lo contrario. La práctica totalidad de los gobiernos que tienen que gestionar esta situación van a salir dañados y les costará reponerse ante la opinión de su país de las amargas y dolorosas medidas que para poder salir de esta situación van a tener que adoptar.

Malos tiempos para la lírica”. Estamos muy probablemente en un momento de gran confusión, “lo económico” lo impregna todo, cientos de millones de personas en todo el mundo han perdido su empleo o están a punto de perderlo, decenas de millones de empresas han desaparecido, en fin… La mayoría de los que eran inmensamente ricos ahora lo son más aunque sólo sea porque los demás somos un poco más pobres. El orden económico mundial se tambalea, el poder se desplaza de los continentes más asentados hacia los económicos emergentes, por lo general ubicados en continentes hasta hoy considerados marginales como Asia y Latinoamérica.

Los principios que hasta hoy han sido válidos para establecer las reglas del “juego” están siendo cuestionados… pero no están saliendo otros en los que fundamentarse. ¿Y entonces?
Pues bien, creo poder afirmar que por lo menos durante un mes y en esta situación inmensamente grave que he intentado narrar, algo nos va a hacer olvidar, algo nos va a emocionar, algo nos va a hacer llorar y reir, saltar de alegría o sumirnos en la tristeza, algo que nos va a unir a los ciudadanos de un país, independientemente de ideologías, independientemente de nuestra situación económica, independientemente de todo, de nacionalismos, de rencores aparentemente irreconciliables.

¿Qué es eso que puede hacer que durante un mes el mundo se distraiga del foco amargo en el que está sumido?

El mundial de Sudáfrica, el fútbol, lo único que no entiende de razas, de ideología, de credos ni de sexo. Eso que nos hace a todos seguidores de nuestro país por un mes. Todos estaremos unidos con una misma ilusión, con un mismo fin, con un mismo deseo, GANAR.
Y esto señoras y señores es la magia del fútbol, no hay nada igual. Cuanto tenemos que aprender de estos momentos.

Podemos trabajar juntos, podemos disfrutar juntos, podemos construir nuestro presente y nuestro futuro juntos, independientemente de todo lo que suceda alrededor. Sentirnos orgullosos de ser parte de un todo representados por un puñado de muchachos que son una muestra de nuestra diversidad, aprovechada de la forma más positiva, diferentes pero juntos con un mismo fin.
¡Cuánto tenemos que aprender del fútbol! La crisis que estamos viviendo es una crisis de valores, de algunos de esos valores que sin duda vamos a ver en el Mundial. Esfuerzo, ilusión, motivación, trabajo en equipo, superación, solidaridad, generosidad, orgullo de pertenencia, rigor, disciplina, entrega…

La vida es maravillosa a pesar de todo y en estos momentos críticos hay también millones de oportunidades, aprovechemos este gran ejemplo.
Aprendamos del deporte, ¡a por ellos! juntos podemos.
¡VIVA EL MUNDIAL Y VIVA EL FÚTBOL!

viernes, 11 de junio de 2010

Más reflexiones sobre Mou: ¿Y los valores?


Hace unos días publicaba mi buen amigo Paco Alcaide un interesante post donde planteaba algunas cuestiones y reflexiones sobre la idoneidad de fichar a Mourinho. Tras leerlo, pensé en hacer un comentario con mi visión, pero me salió un poco largo, así que he preferido hacer un post encadenado con el suyo, para continuar la reflexión.


A lo que Paco ha expuesto, de forma brillante como siempre, y Eduardo ha complementado de igual forma, yo querría añadir tres dudas más que me surgen al ver este nuevo fichaje galáctico de mi club del alma:


- Mourinho gana títulos, es innegable, pero yo me pregunto, ¿Un entrenador sólo se le debe medir por sus resultados? ¿Y sus comportamientos? ¿Da igual lo que se haga mientras se consiga ganar? ¿El fin justifica los medios? ¿Se puede insultar, criticar, enfrentarse a los árbitros, al público…? ¿Todo vale mientras se consigan los resultados? Dónde está el límite?

- Por otro lado, desde el punto de vista de imagen, el Real Madrid es un club que desata pasiones, muchas positivas y otras muchas negativas, sirva como ejemplo el recibimiento cada vez más hostil, que nos hacen en algunos campos españoles. Principalmente las críticas fundadas o no, siempre son por su prepotencia, su chulería, sus comportamientos altivos ... Y yo me vuelvo a preguntar ¿La imagen de Mourinho es la que mejor el viene al Real Madrid? ¿Es la que encaja con el posicionamiento y con la estrategia que su Director General lleva años tratando de construir? ¿Desde una óptica no deportiva es Mou el entrenador que este club debe tener?

- En el himno del club blanco se canta con orgullo:
¡Hala Madrid!, ¡Hala Madrid!
Noble y bélico adalid,
caballero del honor.
¡Hala Madrid!, ¡Hala Madrid!
A triunfar en buena lid,
defendiendo tu color

¡Hala Madrid!, Hala Madrid!, Hala Madrid!
Enemigo en la contienda,
cuando pierde da la mano
sin envidias ni rencores,
como bueno y fiel hermano.

¿Vosotros creéis que los valores de Mou encajan con esto? ¿Su comportamiento fuera y dentro del terreno de juego ensalzan estas ideas o las pisotean sin miramientos? ¿No deberían coincidir los valores de los profesionales con los del club para el que juegan o trabajan?


No sé algunos pensareis que son ideas poco importantes, que lo que manda son los títulos, que Mourinho sabe cómo hacer a sus equipos campeones, que tiene las claves para ganar la Champions… No sé, quizás a lo mejor tenéis razón y todo esto son nostalgia de otra época donde el deporte era el campo de los caballeros.
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